sábado, 29 de noviembre de 2014

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO (2)

Partiendo de la premisa de que hay dos ejes en torno a los cuales las personas llegamos a ser personas y que éstos son la autonomía y la socialización arribamos a la conclusión de que si ellos no están en equilibrio, la convivencia se haría muy difícil por el surgimiento de situaciones donde los conflictos y diferencias entre los seres humanos no podrían resolverse de manera pacífica y armoniosa.
Por lo general, cada persona tiene un estilo predominante de aproximarse y resolver un conflicto. Hay mucha literatura al respecto pero me atrevo a sugerir un modelo de solución de problemas donde el conflicto se considera como algo natural en toda relación humana y para lo cual el diálogo es el estilo idóneo como intercambio de opiniones y puntos de vista. Ya en publicaciones previas he apuntado al diálogo asertivo por contraposición a una conversación entre sordos, un monólogo, una pelea verbal. He hablado también de la importancia del aprendizaje de habilidades y actitudes básicas para aprender a dialogar asertivamente. En ese sentido, tener muy presente que aprender a escuchar atenta y activamente con respeto por lo que la otra persona dice y siente; el respetar los límites es esencial porque implica resistirse a la necesidad de decirlo todo inmediatamente verbal o gestualmente; respetar las opiniones ajenas, evitar la intransigencia y con serenidad y sosiego, esperar calmadamente a que la otra persona se exprese tenga o no tenga la razón; buscar la verdad, es decir estar abiertos a la verdad de los otros y aceptar la parte de verdad que puede haber en su postura; mostrar empatía...ponerse en su situación y examinar a conciencia sus pensamientos, sentimientos y experiencias; estar consciente de que el resultado de un diálogo depende en gran medida de un lenguaje común, claro preciso, evitando que pueda haber interpretaciones erróneas (En la publicación sobre la asertividad he escrito sobre cómo dialogar siguiendo pautas asertivas). Otra habilidad importantísima es la de argumentar nuestra postura con hechos, hechos que no puedan discutirse y menos a través de gritos. Esto implica dialogar de manera razonable sin apasionarse ni descender al terreno personal. Aprender a controlar nuestro temperamento para obligar al otro a hablar serena y calmadamente para expresar sus argumentos, es un paso crucial hacia el éxito de una comunicación donde se manifieste un código de valores propio basado en principios éticos y morales sin los cuales no hay vida humana digna.

Basado en
Polanco López, N.M.: El Diálogo como base de la convivencia, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2009,www.eumed.net/rev/ccss/04/nmpl2.htm

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